viernes, 24 de agosto de 2007

Lo que resulta de la desesperacion aguda del medio dia

No me dejas despedirme ni te despides, ya lo habia hecho, te dije adios en un correo que contestaste de forma diferente a la que esperaba. Sé que ya estas fuera de mi vida, que con tus actos me has dicho lo que con palabras no has querido, sé que, a tu manera, ya te despediste de mí, pero en verdad necesito que me lo digas, aun no logro terminar de darle vuelta a la página, me falta algo, esas palabras que confirmarán lo que ya sé. Te lo pido por favor, no te cuesta nada, no te tomará mucho tiempo, no va a alterar nada de tu vida ni te causará problemas el hacerlo, por favor dime adios, si de verdad esto se acabó (y creo que sí) dime adios y ya te dejo en paz, no te pediré nada más (excepto la lap, pero ese es otro cuento). Dime adios si es que asi lo quieres, dime adios y prometo decirte adios y ya no agobiarte más, ya no escribirte, ya no reenviarte nada, dime adios para que te pueda decir adios.

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